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domingo, 20 de diciembre de 2020

Caprichos sin cabeza

 Haciendo la reinterpretación de La sonrisa, se me ocurrió realizar una serie entera cuya temática fuera Alicia en el país de las maravillas y los sueños. En el propio cuento (y en su segunda parte, Alicia a través del espejo) comentan que las aventuras de Alicia han podido ser un sueño del personaje, en el que el País de las Maravillas representa su subconsciente (de hecho, al final del libro la hermana mayor de Alicia piensa que cada persona tiene su propio País de las Maravillas), aunque, como en toda la novela, esto también es ambiguo ya que la línea entre la realidad de la Inglaterra victoriana y la del País de las Maravillas es muy difusa.

Este segundo cuadro de la serie, titulada Caprichos sin cabeza, está dedicado al personaje de La Reina de Corazones. Ella es caprichosa, está constantemente furiosa y es intimidante: sus súbditos están aterrorizados con ella, cosa que se muestra en el conejo y en la duquesa que temen llegar tarde al partido de croquet y también los soldados, que temen que la Reina los mande ejecutar si descubre que han plantado un rosal blanco en lugar de uno rojo, la Reina detesta la impuntualidad y que le lleven la contraria (la duquesa acaba en la cárcel por abofetear a la Reina, y manda decapitar a todo el mundo durante el partido de croquet), y ella es la que realmente manda en el País de las Maravillas, ya que el Rey pide a su esposa que mande decapitar al gato de Chesire y se apoya siempre en la Reina cuando ejerce de juez en el juicio de las tartas.

La Reina de Corazones no deja de ser un personaje absurdo que resuelve todos los problemas, grandes y pequeños, con la orden de decapitar a todo el mundo. Sus momentos más absurdos en el libro son: cuando el Gato de Chesire está con la cabeza flotando en el aire y el rey y el verdugo toman posiciones contrarias con respecto a su decapitación y la reina amenaza con decapitar a todo el mundo si no llegan a un acuerdo; el otro momento absurdo es cuando en el irreverente juicio de las tartas, la Reina reclama que primero hay que emitir la sentencia y luego el veredicto (cuando en un juicio coherente es justo al revés).

El personaje no deja de representar las pasiones humanas, que muchas veces reprimimos para mostrarnos como personas emocionalmente equilibradas ante los demás. También simboliza todos aquellos caprichos y anhelos que sacrificamos en nombre de lo que tenemos que hacer. En resumen, la razón trata de imponerse a las emociones, de modo que durante el sueño, las pasiones tratan de derrotar a la razón (simbolizada por la cabeza).


Como en la segunda versión de La sonrisa, para Caprichos sin cabeza escogí un papel de acuarela de Fabriano de grano grueso que he dejado mayormente en blanco como el fondo de las cartas de póker. En él el estilo de poesía es directo, sin palabras vacías. La palabra "Sueños", al igual que en La sonrisa, está coloreada con una mezcla de tinta china y tinta plateada de Sennelier, lo cual simboliza la noche. Las palabra "sin cabeza" están realizadas con un Tombow ABT de color negro. Las letras de la palabra caprichos tienen una composición con forma de corazón y están pintadas alternando los colores rojo y dorado, realizados con rotulador Tombow ABT color carmesí y la acuarela Kuretake tono oro claro, las letras doradas están delimitadas en dorado y viceversa. Las gotas de pigmento que delimitan el corazón y salpicadas en las palabras "sin cabeza" están realizadas en tinta Sennelier de dibujo en tono escarlata. Hay un claro contraste entre la extravagancia del corazón y la sobriedad de las dos palabras inferiores, que simboliza respectivamente las pasiones y la razón. Las gotas salpicadas pueden simbolizar tanto gotas de pintura del rosal blanco que los jardineros pintan, como gotas de sangre. De hecho, en la adaptación de Disney de 1951 (en la cual me he basado para los colores), la Reina arranca el rosal en un ataque de furia, lo cual podría ser una velada amenaza de decapitación.

El marco consiste en un bastidor de madera sobre la que he encolado una tablilla y una capa de fieltro blanco. Encima de este último fijé la obra y rematé los alrededores de la misma y los cantos del bastidor con tiras de fieltro negro y rojo. Finalmente, barnicé el marco por detrás.

martes, 15 de septiembre de 2020

Reinterpretando La sonrisa

 Un artista puede crear varias versiones de la misma obra hasta quedar satisfecho con el resultado: Leonardo da Vinci estuvo 16 años pintando la Mona Lisa (de hecho, aún estaba en su estudio cuando murió) y Pablo Picasso pintó una serie de 58 versiones de las Meninas de Velázquez. A escala más modesta, decidí reinterpretar para la exposición Expomentos dos de mis obras más tempranas: La sonrisa y Basta.

Como comenté en la entrada Sueños Rotos Project en Casetas, La sonrisa es un homenaje al Gato de Chesire de Alicia en el País de las Maravillas: es un personaje con el don de aparecer y desaparecer a voluntad hasta dejar su sonrisa flotando en el aire. Esto le da un grado de seguridad en sí mismo y le hace tener una personalidad burlona e impertinente, pero también mantiene una cierta lucidez que los otros personajes del libro, con la excepción de Alicia, ni tan siquiera atisban:

  1. Con Alicia mantiene una conversación con tintes filosóficos y llena de paradojas en la que tratan dos temas: hasta qué punto se puede distinguir la cordura de la locura (de hecho afirma que él mismo está loco cuando puede ser el personaje más sensato de la novela), y también reflexiona sobre la incertidumbre de ir a alguna parte frente a la certeza de llegar a algún sitio.
  2. Cuando aparece su cabeza en pleno juego de croquet, se produce una discusión absurda entre el verdugo, el Rey y la Reina de corazones: el primero alega que no se puede cortar la cabeza al Gato de Chesire si no tiene su cuerpo, el Rey argumenta que todo lo que tenga cabeza puede ser decapitado y la Reina no deja de repetir que si no se llega a una solución pronto, cortará la cabeza a todos los presentes en el cuerpo. Entre tanto, el personaje sigue sonriendo burlándose de todos, sintiéndose seguro gracias a su don de la invisibilidad, y percibiendo que la situación (y todo lo que sucede en su mundo) es absurdo y que los demás personajes no se dan cuenta.

En mi cuadro he enmarcado el personaje en el mundo de los sueños y de los deseos: para mí el Gato de Chesire representa aquellos sueños escurridizos que no se cumplen o a aquellas situaciones que no son como las esperamos. Las ilusiones desaparecen como el gato y quedan los amargos recuerdos que se burlan de nosotros, como la sonrisa del personaje que flota en el aire.

La primera versión de La sonrisa estaba pintada en un lienzo con guache de colores pastel (de hecho me basé en los colores morado y rosa de la adaptación cinematográfica de Disney de 1951), a la sonrisa le apliqué pintura acrílica blanca y la poesía estaba escrita con rotulador acuareable negro.

Primera versión La sonrisa

En esta segunda versión me decanté por un papel de acuarela, los colores son los mismos pero más intensos y aplicados en franjas diagonales con la técnica del gouache. Decidí suprimir tres palabras: "Los", "son" y "una" ya que sin ellas el significado de la frase es el mismo y el mensaje es más directo. Para la palabra sueños mezclé dos tintas Sennelier: el negro y el plateado, colores de la noche, para la sonrisa elegí un rotulador de punta de pincel Posca de color dorado, y para la palabra invisible dibujé unas letras a las que solamente les realicé los trazos básicos, de manera que de lejos estas se mimetizan con el fondo pero de cerca se puede apreciar la poesía completa.

Segunda versión La sonrisa

Aunque siempre se le puede dar una vuelta a la obra, la mejora de la primera a la segunda versión es sustancial. Aparte, el montaje le da un toque más profesional a la obra: una tablilla sobre un bastidor, barnizados por la parte trasera, debajo del papel de acuarela coloqué un pedazo de fieltro a la medida de la tablilla, pegué la obra y alrededor de la misma y en los cantos del bastidor coloqué unas tiras de fieltro rosa y morado a modo de marco.