Un artista puede crear varias versiones de la misma obra hasta quedar satisfecho con el resultado: Leonardo da Vinci estuvo 16 años pintando la Mona Lisa (de hecho, aún estaba en su estudio cuando murió) y Pablo Picasso pintó una serie de 58 versiones de las Meninas de Velázquez. A escala más modesta, decidí reinterpretar para la exposición Expomentos dos de mis obras más tempranas: La sonrisa y Basta.
Como comenté en la entrada Sueños Rotos Project en Casetas, La sonrisa es un homenaje al Gato de Chesire de Alicia en el País de las Maravillas: es un personaje con el don de aparecer y desaparecer a voluntad hasta dejar su sonrisa flotando en el aire. Esto le da un grado de seguridad en sí mismo y le hace tener una personalidad burlona e impertinente, pero también mantiene una cierta lucidez que los otros personajes del libro, con la excepción de Alicia, ni tan siquiera atisban:
- Con Alicia mantiene una conversación con tintes filosóficos y llena de paradojas en la que tratan dos temas: hasta qué punto se puede distinguir la cordura de la locura (de hecho afirma que él mismo está loco cuando puede ser el personaje más sensato de la novela), y también reflexiona sobre la incertidumbre de ir a alguna parte frente a la certeza de llegar a algún sitio.
- Cuando aparece su cabeza en pleno juego de croquet, se produce una discusión absurda entre el verdugo, el Rey y la Reina de corazones: el primero alega que no se puede cortar la cabeza al Gato de Chesire si no tiene su cuerpo, el Rey argumenta que todo lo que tenga cabeza puede ser decapitado y la Reina no deja de repetir que si no se llega a una solución pronto, cortará la cabeza a todos los presentes en el cuerpo. Entre tanto, el personaje sigue sonriendo burlándose de todos, sintiéndose seguro gracias a su don de la invisibilidad, y percibiendo que la situación (y todo lo que sucede en su mundo) es absurdo y que los demás personajes no se dan cuenta.
En mi cuadro he enmarcado el personaje en el mundo de los sueños y de los deseos: para mí el Gato de Chesire representa aquellos sueños escurridizos que no se cumplen o a aquellas situaciones que no son como las esperamos. Las ilusiones desaparecen como el gato y quedan los amargos recuerdos que se burlan de nosotros, como la sonrisa del personaje que flota en el aire.
La primera versión de La sonrisa estaba pintada en un lienzo con guache de colores pastel (de hecho me basé en los colores morado y rosa de la adaptación cinematográfica de Disney de 1951), a la sonrisa le apliqué pintura acrílica blanca y la poesía estaba escrita con rotulador acuareable negro.
En esta segunda versión me decanté por un papel de acuarela, los colores son los mismos pero más intensos y aplicados en franjas diagonales con la técnica del gouache. Decidí suprimir tres palabras: "Los", "son" y "una" ya que sin ellas el significado de la frase es el mismo y el mensaje es más directo. Para la palabra sueños mezclé dos tintas Sennelier: el negro y el plateado, colores de la noche, para la sonrisa elegí un rotulador de punta de pincel Posca de color dorado, y para la palabra invisible dibujé unas letras a las que solamente les realicé los trazos básicos, de manera que de lejos estas se mimetizan con el fondo pero de cerca se puede apreciar la poesía completa.
Aunque siempre se le puede dar una vuelta a la obra, la mejora de la primera a la segunda versión es sustancial. Aparte, el montaje le da un toque más profesional a la obra: una tablilla sobre un bastidor, barnizados por la parte trasera, debajo del papel de acuarela coloqué un pedazo de fieltro a la medida de la tablilla, pegué la obra y alrededor de la misma y en los cantos del bastidor coloqué unas tiras de fieltro rosa y morado a modo de marco.


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